MUSICA

lunes, 11 de mayo de 2009

Los coras y el Yaushu (el único marsupial americano)

Asentado en la Sierra del Nayar (sistema montañoso de la Sierra Madre Occidental, del estado de Nayarit), y distribuído en cinco centros principales, habita uno de esos pueblos indígenas mágicos: los Cora, o nayeri, como ellos mismos se denominan.

Al igual que los huicholes, con quienes han compartido territorio y una relación pacífica durante siglos, los nayeri fueron uno de los últimos grupos que lograron ser sometidos, con mucha dificultad, por los colonizadores españoles hasta 1722.
Los jesuítas, primero, y después los franciscanos, trataron de imponer la religión católica, lográndolo solo parcialmente pues, al igual que sus vecinos huicholes, su religión presenta un sincretismo en el que sobreviven sus creencias tradicionales y, las de occidente, se fueron adhiriendo y adaptando.

Los coras mantienen la idea
de que todo su territorio es sagrado. Por esta razón el respeto y la conservación son los pilares de la estrecha relación que mantienen con la naturaleza. Los mitos de esta cultura, como la de tantas otras, se refieren precisamente a fenómenos naturales: cómo se creó el mundo, o cómo se obtuvieron el maíz, el tabaco, la lluvia o el fuego...

Yaushu es el personaje del mito que van a leer en esta entrada . De hecho, el Yaushu es un héroe de toda la mitología indígena antigua: existe una representación de él, la más antigua, encontrada en Tlapacoya y que data del año 1000 a.c.; en los códices antiguos de mesoamérica se vincula con el juego de pelota, ceremonias de año nuevo, cruce de caminos, a la luna y al pulque (existe otro mito que dice que el Yaushu fue el encargado de trazar los ríos, lo cual hizo intentando que siguieran una línea recta...pero como estaba embriagado por el pulque pues, le salieron "algo" torcidos). En la tumba 7 de Monte Albán , entre las joyas de oro encontradas, había una imagen del Yaushu y, en los textos del Popol Vuh y los del Chilam Balam de Tizimín aparece como el señor del crepúsculo o como la representación de los dioses que sostienen el cielo.

Claro que, de acuerdo a la cultura de la que se trate, este personaje recibe nombres diferentes. "Yaushu" le dicen los coras, "tlacuatzin" (glotón) era su nombre en náhuatl. Actualmente, nosotros le llamamos "tlacuache" y gracias a que viajó de polizón, escondido en las bodegas de los barcos durante la Colonia, es que en España es conocido, con el nombre de "zarigüeya".
Y es un animalito realmente interesante...

DE ORIGEN MEXICANO: EL ÚNICO MARSUPIAL AMERICANO

Omnívoro, y de hábitos nocturnos, el tlacuache bien puede ser considerado un fósil viviente, debido a que no ha sufrido variaciones desde que apareció sobre la tierra, hace ya sesenta millones de años. Se conocen cuaro especies de tlacuache, una de las cuales es acuática: su cola no es prensil y las garras están adaptadas, mediante membranas, para nadar en los riachuelos que habita. Pueden ser tan pequeños como un ratón, o alcanzar el tamaño de un pequeño gato.
Los tlacuaches han logrado sobrevivir a la invasión humana, preservando su especie, gracias a su alimentación y a un curioso sistema de defensa, que les permite engañar a sus depredadores. Cuando se encuentra en peligro finge estar muerto: los ojos vidriosos , la lengua colgante y total inmovilidad confunden a sus atacantes, quienes pueden soltarlos un momento, que aprovecha el animalito para escapar.


Los especialistas dicen que esta respuesta no es voluntaria, sino que constituye un acto reflejo. Si a eso le sumamos que pueden despedir un fétido aroma (como de un millón de ajos), su defensa resulta altamente efectiva. Aunque, si sienten que sus crías están en peligro, se plantan y luchan encarnecidamente para defenderlas.

De las cuatro variedades de tlacuache, sólo una está en peligro de extinción. Sin embargo, se encuantran protegidas por las leyes . Amén de quienes los consideran un verdadero peligro (bien por confundirlos con ratones, o porque representen un riesgo para las pequeñas granjas avícolas) su consumo está ligado a ciertas crencias:

Su carne y aceite se emplean para curar la artritis, enfermedades estomacales y según las consejas populares sirve, también, para purificar la sangre. Y como poseen una capa de pelo, corto y suave, y otra de pelo largo y duro, son codiciadas por los peleteros para elaborar imitaciones de la pieles de nutria y castor
Si a todo esto le sumamos el hecho de que, algunas personas, se sienten a la moda trayendo una mascota "exótica", aunque esto signifique separar a la madre de sus crías, para meterlos en jaulas y exhibirlos...el panorama puede convertirse en uno muy negro para estos animalitos que, alguna vez en la historia de México, fueron elevados al rango de divinidades.


En la actualidad, al tlacuache se le atribuye ser pendenciero, ladrón y borracho. Aunque esto último quizá se deba a que, glotón, le atrae especialmente el dulce aguamiel de los magueyes, que busca en aquellas pencas que los jimadores dejan secar al sol, para que se fermenten. En Oaxaca, por ejemplo, creen que son ellos los que saben cuando el proceso está en su punto, pues les han visto aparecer y deleitarse con la mezcla

Lo cierto es que este animalito, alguna vez en la historia de México, fue considerado un benefactor de los humanos. En algunos cuentos populares, el tlacuache y el jaguar son el equivalente de la pareja del coyote y el conejo: el tlacuache, débil, pero astuto), logra escapar de la fuerza del poderoso y cruel jaguar, burlándose de él.
Y ha sido tanta la historia del tlacuache, con las diferentes culturas prehispánicas que, actualmente, todavía podemos encontrar su imagen, colgadas en los muros de las casas en comunidades pequeñasa lo largo del país.
La leyenda de esta entrada es, quizá, una de las más conocidas y, en ella, se explica el por qué la cola del tlacuache no tiene pelo. Esta versión fue recogida por Fernando Benítez (ensayista y novelista mexicano), del informante cora Aurelio Kánare. Publicada en el Tomo II de "Los indios de México" (Editorial Era), esta narración también se encuentra en una recopilación de diferentes mitos hispanoamericanos, titulada "Cómo surgieron los seres y las cosas", bajo el auspicio del Ministerio de Educación Nacional de Colombia y del Centro regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe.

Espero que lo disfruten

LEYENDA CORA (NAYARIT):
DE CÓMO EL TLACUACHE SE ROBÓ EL FUEGO
Hace muchos años no se conocía el fuego. Los hombres comían las raíces crudas, las semillas de chía crudas, la carne de los animales cruda. Todo debían comerlo crudo.
Los ancianos, los Principales, los que llamamos en nuestra lengua Tabaosimoa, se reunían y discutían entre ellos sobre la forma de tener algo que les diera calor y cociera sus alimentos. Discutían día y noche. Ayunaban, no tocaban a sus mujeres. Veían un fuego que salía por el oriente, pasaba por encima de sus cabezas, se metía en el mar, y ellos no podían alcanzarlo...
Cansados los Principales, reunieron a todos los hombres y a todos los animales.
Hermanos -les dijeron-, ¿alguno de ustedes puede traernos el fuego que a diario pasa sobre nuestras cabezas?

—Se nos ocurre que cinco de nosotros vayamos al oriente, adonde aparece el Sol y le robemos uno de sus rayos, una brizna de ese fuego que nos calienta -propuso un hombre.
—Nos parece bien -contestaron los Principales-. Vayan cinco hombres y nosotros nos quedaremos aquí ayunando y rezando. Tal vez logren arrebatarle al Sol uno de sus rayos y tengamos al fin lo que tanta falta nos hace.
Salieron cinco hombres y llegaron al cerro donde nacía el fuego. Esperaron a que amaneciera. Entonces se dieron cuenta que el Sol nacía en otro segundo cerro lejano y siguieron su camino. Llegados a ese segundo cerro, vieron que el Sol aparecía en un tercero mucho más lejano y así lo persiguieron hasta un quinto cerro donde se les acabó el ánimo y regresaron tristes y cansados.
—Ah, Principales, hemos corrido de cerro en cerro persiguiendo al Sol y sabemos que nunca lo alcanzaremos. Por eso estamos tristes aquí de vuelta. Tristes y derrotados.
—Bueno, ustedes han cumplido. Descansen. Nosotros seguiremos pensando en la forma de alcanzarlo. Les rogamos de todo corazón que nos ayuden con sus oraciones, con sus consejos.
Entonces salió Yaushu, el sabio Tlacuache, y dijo:
—Oigan ustedes, mis Principales: “Una vez hice un viaje al oriente y vi una luz muy lejana. Entonces me pregunté: ¿Qué es lo que brilla ahí, hasta donde alcanza mi vista? Yo debo saberlo. Me puse en camino día y noche. No dormía y apenas comía; no me importaba el sueño ni el cansancio. Al anochecer del quinto día vi que en la boca de una gran cueva ardía una rueda de leños, levantando llamas muy altas y torbellinos de chispas. Sentado en un banco, estaba un viejo mirando la rueda. Era un viejo alto, estaba desnudo, cubierto con su taparrabo de piel de tigre; tenía los cabellos parados y le brillaban espantosamente los ojos. De tarde en tarde se levantaba de su banco y echaba ramas y troncos a la rueda de lumbre. Me escondí asustado detrás de un árbol, sin atreverme a llegar. Luego me fui poco a poco. Mientras más me apartaba de la rueda, el calor disminuía. Es algo caliente -me dije-, algo terrible y peligroso”. Eso fue lo que yo vi en el oriente, señores, padres míos.
—Y tú Yaushu, ¿quisieras volver a la cueva y traernos una brizna de esa luminaria?
—Yo me comprometo a volver si ustedes, Principales, y ustedes, mis hermanos, ayunan cinco días y le piden ayuda a los dioses con ofrendas de pinole y de algodones.
—Lo haremos según tus palabras, pero debes saber, Yaushu, que si nos engañas te mataremos.
Yaushu, sonreía sin hablar. Los Principales ayunaron cinco días. Cinco días pidieron a los dioses concediera a Yaushu lo que anhelaban desde hacía larguísimos años. Cumplido el ayuno, le entregaron pinole de chía en cinco bolsas.
—Vengo pronto. De acuerdo con mi voluntad, en cinco días estaré de regreso. Espérenme pasada la media noche. Dejen a un lado el sueño y estén despiertos. Tal vez pueda morir. Si es así, no se lamenten, no piensen en mí.
Dicho esto Yaushu se fue cargando su pinole. A los cinco días encontró al Viejo sentado en el banco, contemplando el fuego.

—Buenas noches, Abuelo- saludó Yaushu.
El viejo no contestó una palabra.
—Buenas noches, Abuelo-repitió Yaushu.
—¿Qué andas haciendo a estas horas? -le preguntó el Dueño del Fuego.
—Los ancianos, mis Principales que están abajo, me pidieron que les llevara agua sagrada.
—¿Por qué no viniste más temprano? Son horas inoportunas.
—Soy el correo de los Tabaosimoa. Estoy muy cansado y sólo te pido que me des permiso de dormir un poco aquí contigo. Mañana al amanecer seguiré mi camino.
Después de rogarle mucho con su vocecita delgada y su poder de dominio, el Viejo le permitió quedarse fuera de la cueva:
—Puedes pasar aquí la noche a condición de no tocar ninguna cosa.
Yaushu se sentó cerca del fuego, mezcló el p i n o l e con el agua de su bule y lo vació en dos platitos ofreciéndole uno al Viejo :
—Si tienes hambre yo te convido de mi bastimento, aunque todavía tengo mucho que andar.
El Viejo olió el p i n o l e y su olor le llegó al corazón. Tomando el platito, vertió un poco en el centro de la hoguera. Luego metió el dedo en la mezcla, arrojó unas gotas por encima de su hombro, otras sobre la tierra y luego comió el resto. Dijo, devolviéndole a Yaushu el platito:
—Es muy rico tu bastimiento, de mucha sustancia y me ha llenado la barriga. Que Dios te pague: “She timua, tamashiten”.
Yaushu, tendió su cobija a poca distancia de la cueva. Pensaba y pensaba sobre la manera de robarse el fuego. Luego, se le oyó roncar. El Viejo tendió a su vez una piel seca de animal y descansó su cabeza en una piedra. Al rato se levantó, le hizo una reverencia a la hoguera y la avivó. Después se acostó nuevamente, la piel crujía a cada uno de sus movimientos. Poco después roncaba.
Yaushu golpeó entonces el suelo con uno de sus pies y, convencido de que el Viejo dormía, se deslizó silenciosamente, estiró su cola y tomando un carbón encendido, se alejó poco a poco. Había recorrido un largo trecho cuando sintió que se le venía encima un ventarrón. Los árboles se doblaban, rodaban las piedras. Yaushu corrió con todas sus fuerzas, pero el ventarrón lo alcanzó y el viejo se paró frente a él temblando de rabia:
—Nieto, ¿qué es lo que hiciste? Te dije que no tocaras ninguna de mis cosas y has robado a tu abuelo. Ahora todo está hecho y vas a morir.
De inmediato, lo tomó con sus manos poderosas tratando de arrancarle el tizón.
Aunque el carbón le quemaba la cola, Yaushu no lo soltó: el tizón era como una parte de su cuerpo. El Viejo lo pisoteó, le machacó los huesos, lo levantó en el aire sacudiéndolo y al final lo arrojó al mundo. Entonces, seguro de haberlo matado, el Viejo volvió a cuidar el fuego.
Yaushu rodó por la cuesta, bañado en sangre, chisporroteando como una bola de fuego. Así llegó donde estaban orando los Tabaosimoa. Más muerto que vivo, desenroscó su cola chamuscada, dejó caer el tizón, y los Principales encendieron hogueras.
El Tlacuache fue llamado el héroe Yaushu, en recuerdo de haber traído a los hombres el fuego de oriente. Todavía muestra la cola pelada y anda trabajosamente por los caminos, debido a que el Abuelo Fuego, con su terrible poder, le quebró todos los huesos.

4 comentarios:

Soledad Sánchez M. dijo...

Como siempre, amiga, he pasado un rato muy agradable leyéndote.
Parece, por las noticias, que la situación de la gripe A va mejorando en vuestro país.
¿Cómo os encontrais?

Un beso, guapa.

Soledad.

JL Martínez Hens dijo...

¿Como era aquel comentario que un día hicistes en mi blog sobre aquellas obras que cuando arraigan en el pueblo ya pertenencen a la cultura popular?

Selma dijo...

Vine ayer y he vuelto hoy... Me quedé atrapada por esta leyenda de como perdió el pelo de la cola nuestro Tlacuache...
Y celebrar que los Coras fueran los primeros Ecologistas... Ojalá fueramos así, respetando entorno y Naturaleza...

Gracias por el placer de esta lectura que nos procuras, Lupita, Apapachos y besos cariñosos!

Incombustible dijo...

Gracias Sol, José Luis y Selma:

Sol: Estamos regresando, poco a poco, a nuestra vida cotidiana, todavía siguiendo algunas medidas precautorias, por si acaso.
Besotes amiga

José Luis:
Iba así

"Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son.
Y cuando el pueblo las canta ya nadie sabe el autor.
Procura tú que tus coplas vayan al pueblo a parar que, al dejar el corazón en el alma popular, lo que se pierde de fama se gana en eternidad" (Del gran Facundo Cabral)
Besos y apapchos amigo y, qué bonita foto en tu avatar

Selma: de verdad que me alegra mucho que te gusten las historias de mi tierra...es para mí como darle un abrazo al mundo, ya que de momento no los puedo dar en persona.
Besos y apapachos para ti también

Ando a la carrera pero ya me haré un espacio para visitarlos a todos