MUSICA

viernes, 21 de noviembre de 2008

Una de Oaxaca: Nisagié, agua que llora la piedra

Oaxaca (Oajaca o, por entonación Goajaca) es uno de esos estados mexicanos que presentan paradojas: es uno de los estados más ricos tanto por su diversidad cultural, como por sus recursos naturales. Sin embargo, es una de las regiones más pobres del país y uno de los tres Estados desde donde salen más migrantes hacia los Estados Unidos. Hace dos años, en mi antiguo blog, escribí una entrada llamada "Oaxaca somos todos" donde, además de información sobre este Estado mexicano, expresaba mi opinión sobre el conflicto magisterial que en ese momento se estaba llevando a cabo y que, lamentablemente, costó la vida de periodistas, maestros y población civil. En esa ocasión recibí muchos comentarios de adhesión, pero algunos otros airados. Y es natural, porque el México que cada uno describe, tiene que ver con la forma en la que vive: el que tiene, el que no tiene; el que quiere cambiar (tenga o no tenga) y el que prefiere que las cosas sigan igual y no "se hagan olas" (tenga o no tenga). Las cosas en Oaxaca (y, me temo, en todo el mundo), no han cambiado mucho salvo por el hecho de que, aparentemente, las cosas han vuelto a la calma.

Así que, para complementar aquella otra entrada del 2006, sin ánimo de olvidar las injusticias y desigualdades, hoy quiero comentarles sobre tres cosas que me apasionan del Estado de Oaxaca (además de su mezcal y el chocolate): su música, su gente y sus poetas, antes de pasar a la leyenda de hoy.
Será que, por su lirismo y lo mucho que han tenido que sufrir, el Himno del Estado (no oficial), se llama: "Dios Nunca muere"


En Oaxaca, conviven 16 grupos etnolingüísticos diferentes (lo que hace que el estado sea el que tiene mayor número de grupos indígenas): los amuzgos, chatino, chinanteco, chocho, chontal, cuicateco, huave, ixcateco, mazateco, mixe, mixteco, náhuatl, triqui, zapoteco, zoque y el popoloca en peligro de extinción. En una región de casi dos millones de habitantes, el 60% pertenecen a algún grupo étnico. Cada uno de estos grupos mantiene sus lengua, usos y costumbres (incluída su forma de gobierno), con excepción del idioma cuicateco el cual, desafortunadamente, está extinto debido tanto por razones de migración, como por el escaso número de personas integrantes de dicho grupo. En la red se puede encontrar información extensa sobre cada uno de estos pueblo yo hoy quiero comentarles algo que a mí me llama mucho la atención sobre estos grupos, y es la forma en la que se autodenominan:
Amuzgos: El pueblo Amuzgo vive entre los estados de Oaxaca y Guerrero. Amuzgo en su lengua, significa "lugar donde hay librerías o bibliotecas".
Chatino: se nombran a sí mismos en su lengua "Cha’tnio", que significa "trabajo de las palabras" y que se puede interpretar como los que hablan palabras elaboradas. Pueblo de orígenes remotos, hasta ahora se han encontrado vestigios en la costa que datan del año 400 a.C., aunque las estelas encontradas en Nopala datan de 600 a 800 d.C.
Chinantecos: Los Chinantecos en su lengua se llaman a sí mismos "Tsa ju jmí", que significa "gente de palabra antigua ", entendiéndose por ello que son herederos de un conocimiento milenario depositado en su lenguaje.
Chochos: se nombran a sí mismos en su lengua "Runixa ngiigua", que se puede traducir como " los que hablan el idioma ".
Chontales: Este pueblo antiguo, que de acuerdo a su tradición oral son originarios del sur, se llama a sí mismo "Slijuala xanuc’", que probablemente signifique "habitante de las montañas".
Cuicatecos: "En lengua Náhuatl (náguatl) "cuica" significa canto y seguramente que en el momento de esplendor este pueblo se debió significar por su capacidad para el canto. En el México Antiguo el canto era una de las artes más socorridas y en el lenguaje metafórico, canto significa sabiduría. Es decir, que en el canto se transmitían los conocimientos, toda vez que las culturas originarias eran fundamentalmente "audiovisuales", pues los códices no eran libros en el sentido occidental, más bien eran recursos nemotécnicos, para acordarse de las historias que se aprendían con "flor y canto".
Huaves: "El término de huave fue impuesto por los zapotecas para referirse a la "gente que se pudre en la humedad", pero ellos se nombran a sí mismos en su lengua, "Mero ikooc" que significa literalmente "verdaderos nosotros", que tiene que ver con el concepto milenario y universal del "ser hombres verdaderos o los que tienen la palabra", forma elemental de diferenciarse un pueblo frente a "los otros" pueblos"
Ixcatecos: Este es uno de los pueblos indígenas de Oaxaca que está perdiendo presencia (351 habitantes, en todo el país y, 207, viven en Oaxaca). Siendo uno de los factores la pobreza, la que los ha obligado a emigrar, perdiendo los elementos culturales de los pueblos indígenas. Ixcateco significa, habitante de Ixcatlán, "lugar de algodón", gentilicio que les dieron los hantihuos nahuas.
Mazatecos: Los mazatecos en su lengua se llaman a sí mismos "Ha shuta enima", que se traduce como " los que trabajamos el monte, humildes, gente de costumbre ", pero también se dice que mazateco viene de la lengua Náhuatl y que quiere decir "gente del venado".
Mixes(Mijes): "Ayuukjä’äy", es la forma en la que se denominan en su lengua y se traduce como "gente del idioma florido", pero que en un sentido más profundo indica que es un pueblo con un lenguaje más desarrollado y culto.
Mixtecos: Los mixtecos se llaman a sí mismos en su lengua "Nuu Saavi", que significa "pueblo de lluvia"; el nombre de mixteco deviene de la lengua náhuatl, Mixtlán (lugar de nubes ).
Nahuas: En el mosaico pluricultural y plurilingûístico de Oaxaca está presente el grupo indígena más numeroso de México. Los nahuas son probablemente los herederos más antiguos de la Toltecayotl, la sabiduría indígena que impulsó el desarrollo humano durante aproximadamente siete mil quinientos años, desde la invención de la agricultura en el sexto milenio antes de Cristo hasta la llegada de los europeos en 1519 d.C. Este pueblo extendió sus horizontes en lo que hoy se conoce como Mesoamerica. Náhua (o Náhuatl) proviene de dos palabras delidioma del mismo nombre: nāhua-tl, "sonido claro o agradable" y tlahtōl-li, "lengua o lenguaje" Los nahuas eran nombrados diferente según la región donde habitaban: en México se llamaron Aztecas, en Guatemala Cachiqueles, en El Salvador Pipiles, en Nicaragua Niquiranos o Chorotegas y en Costa Rica Guatusos.

Popolocas: Bautizados por los mexicas como popolocas, que según se traduce del náhuatl como "tartamudos", siempre han sido considerados un pueblo con una cultura poco desarrollada. Este , también, es uno de los grupos con menor número de integrantes.
Triquis: Se llaman a sí mismos " Tinujei ", que significa "hermano mío". La mitología de este pueblo antiguo, habla que ellos surgieron de las profundidades de la tierra, pues en la zona de Chicahuaxtla existen profundas cavernas que no se les ha encontrado el fondo, por ello se nombran también "Kuinirikis ", que significa "gente que vino de abajo".
Zapotecas: "El pueblo zapoteca es el más numeroso en Oaxaca. .En general, los Zapotecos de los Valles se nombran a sí mismos "Ben’zaa", que significa "gente de las nubes". Los zapotecos de la Sierra se nombran "Bene xon" y los Zapotecos del Istmo, "Binnizá" que quiere decir "gente que proviene de las nubes". Existe también la posibilidad de que en el periodo azteca, este pueblo conquistador le haya puesto por nombre a los "Zaa", que siempre se han caracterizado por su inteligencia y facilidad por las transacciones comerciales, Zaapochtecas, ya que en Náhuatl pochteca significa comerciante."
Zoques: En su lengua tzoque, soque o zoc, significa "palabra auténtica de hombre".

(Fuente: ETNIAS EN OAXACA)


No es de extrañar que, entre tantas "palabras", "cantos", "nubes" y algodones", la sensibilidad Oaxaqueña se encuentre desbordada y se manifieste en diversas expresiones artísticas, desde la música y la danza, hasta las artesanías y las letras. Una de estas expresiones y que, junto con el barro negro, Monte Albán Y Mitla, le han dado fama mundial, es una fiesta llamada Guelaguetza.

LA GUELAGUETZA

Guelaguetza, en zapoteco, significa el acto de participar cooperando; un don gratuito que no lleva más obligación que la de la reciprocidad. La Guelaguetza, o "Fiestas de los Lunes del cerro" son celebradas, en la Ciudad de Oaxaca, los dos lunes siguientes al 16 de julio, en honor a la Virgen del Carmen, y en ella participa todo el pueblo, sin distinción de clases sociales. Esta, como muchas otras fiestas mexicanas, fueron iniciadas por los españoles durante la Colonia, pero pronto se integraron, promovidos por los evangelizadores, con entusiasmo los grupos indígenas.

La Guelaguetza es una ofrenda a la Ciudad de Oaxaca, que hacen grupos representativos de las siete regiones tradicionales: Los Valles Centrales; La Sierra Juárez; La Cañada; Tuxtepec; La Mixteca; La Costa y el Istmo de Tehuantepec.

La fiesta se compone de tres partes: el Convite que es una procesión vespertina en la que se van regalando cosas; la Calenda es una procesión nocturna en la que hay bebida, y la quema del torito y otros juegos pirotécnicos; y la Guelaguetza que es cuando se presentan danzas. (Fuente y más información y fotos, en OAXACA MIO).
Aquí les dejo una "probadita", de las danzas que se presentan en La Guelaguetza:


TIERRA DE PINTORES, POETAS, MÚSICOS Y CURANDEROS
Quizá el oaxaqueño más famoso sea el llamado "Benemérito de las Américas", Don Benito Juárez (uno de los pocos presidentes valientes y honestos, en la historia de México). Pero Oaxaca ha dado otros hijos notables, como: José Vasconcelos (filósofo); Macedonio Alcalá (compositor de "Dios nunca Muere"); Rufino Tamayo (pintor); Ricardo, Enrique y Jesús Flores Magón (periodistas y políticos); Álvaro Carrillo (compositor de muchas canciones, entre ellas "Sabor a mí"); Francisco Toledo (artísta plástico) y la curandera María Sabina (aquella que curaba con peyote y que fue visitada por gente famosa, como los Beatles, Bob Marley, los Rolling Stones, Aldous Huxley y Walt Disney, entre otros).

Andrés Hernestrosa es otro hijo muy querido de Oaxaca, además de un personaje muy peculiar: Don Andrés vivió 101 años (falleció
el 10 de enero de 2008). Fue compositor, poeta, narrador, ensayista, orador, escritor, político, catedrático de la UNAM, e historiador y perteneció a la Academia de la Lengua Mexicana . Y es peculiar porque, además de su talento, aprendió a hablar español hasta los 15 años de edad, cuando entra a la Escuela Normal de Maestros. Una de sus grandes contribuciones fue la fonetización del idioma zapoteco y su transcripción al alfabeto latino.

En una semblanza, dice de sí mismo: "Fue mozo de cuerda, empleado de mostrador, escribiente de juzgado, secretario de enamorados, de enamoradas, quizá fue mejor decirlo. Y a sus horas correveidile, tercerón, por no decir alcahuete; o corre chepe, como en el precario español que habló cuando niño se le dice. A los doce años administró una casa de asignación. Cantor y tocador de guitarra en los fandangos; bravo improvisador cuando se agotaban las coplas que aprendió con sólo oírlas una vez..."

Y es precisamente esta última cualidad, la de improvisar y la de recordar, la que lo hacen entrañable: escribió muchas leyendas oaxaqueñas, que le fueron transmitidas oralmente, por sus padres, en un precioso libro llamado "Los hombres que dispersó la Danza". De este libro es de donde proviene la leyenda de hoy.


NISAGIÉ: AGUA QUE LLORA LA PIEDRA

En otro tiempo los hombres no tenían, como hoy tienen, muchas ciudades para nacer, sino sólo dos: la ciudad del cielo y la ciudad de la tierra. Tampoco tenían muchos reyes, sino sólo dos: el rey del cielo y el rey de la tierra.

Los dos reyes de aquel tiempo eran amigos, porque el rey del cielo ignoraba el derecho de conquista. Era poderoso: le obedecían sin protestar el sol, la luna y las estrellas. Y si lo hubiera querido, la tierra sería esclava suya. Pero él
ocupaba sus vigilias en ordenar su reino, ya por medio de sus numerosos súbditos, ya trabajando el mismo. Tenia un hijo y el rey de la tierra una hija. No puede decirse como era el príncipe; pero la princesa, dicen los que la conocieron, que era tan bonita que anulaba la razón de ser de las flores. Los dos crecían sin saber que un día, por ellos, sus padres iban a reñir.

Fue mujer grande la princesa, y hombre completo el príncipe. El rey del cielo quiso casar a su hijo. Y no pensó en ninguna de sus súbditas, sino en la doncella de la tierra. Y como siempre fue ley que el padre pida esposa para los hijos, el rey del cielo, sin consultar la voluntad del príncipe, mando a llamar a las biniguenda a su servicio para que bajaran a la tierra a pedir la mano de la princesa. Aprendidas las palabras del rey, las hadas salieron por la puerta iluminada de una estrella y nadie las vio más. Tenían, por ligeras, pies de adolescentes: todas las mañanas la luz que bajaba del cielo tardaba en alcanzarlas; todas las tardes encontraban más pronto la sombra que subía de la tierra.
Una mañana llegaron junto con la luz, a la única ciudad que había sobre la tierra. Gentes sabias como eran las biniguenda, no preguntaron donde estaba el palacio. Sin tocar la puerta, porque además de ligeras y sabias eran prodigiosas, llegaron hasta donde estaba el rey. Ante él, una de las embajadoras, la de mayor edad, expresó la voluntad de su rey. El rey de la tierra mandó llamar a su hija. Muda, con la cabeza caída, la princesa oyó el deseo del soberano del cielo, que amaba, hasta hablar sola, a un criado de palacio, y que no se casaría con otro que no fuera él. El padre la quería, la cuidaba como a sus ojos. Así fue que no le dijo nada. Cuando se hubo ido de su presencia, el padre dijo a las embajadoras del cielo que el daría a conocer a su rey la voluntad de su hija. Y las doncellas celestes desaparecieron silenciosas.

El rey de la tierra tenía también biniguendas misteriosas, ligeras, prodigiosas. Las mandó llamar. Las enteró de la voluntad de su hija, y las hadas subieron al cielo con la respuesta. Al llegar al cielo, una de ellas, siempre la mayor, dijo el mensaje que llevaban.

En el alma del rey del cielo hubo un estallido de impulsos. Se dio repentina cuenta de su fuerza, y quiso en un primer ímpetu suprimirnos el sol, la luna, y llevar mucho más alto los luceros. Pero el no quería castigarnos, sino realizar sus propósitos. Después de pensarlo mucho, descubrió que el único medio de realizar aquel matrimonio era desterrar al plebeyo del pueblo. Y no se supo por que camino, ni la sombra de que día, lo sacaron de la ciudad para llevarlo a Danibacuza (cerro que bosteza). Bostezaba el cerro, y por la boca lo arrojaron.

En una casa de la ciudad la madre, en el palacio la novia, lloraron largamente la desaparición del plebeyo. La madre lavó con llanto, hasta hacerla limpia, su pena. La novia, después de mucho llorar, desconsolada, dio la espalda al palacio y al río, y corrió por los montes buscándolo.
El rey del cielo veía todo lo que ocurría en la tierra. La huída de la princesa lo enfureció, y se propuso entonces sí, castigarnos. Suprimió la lluvia, mantuvo el sol en medio del cielo y afiló sus rayos. Por eso es que son tan calientes los días que preceden a la lluvia.

En los brazos de la tierra se quedaron dormidos los caminos; ni ellos vieron pasar a la fugitiva. La luna dos veces se hizo plena y desapareció también dos veces. Y a la ciudad no llegaba ninguna noticia acerca de ella. Enajenada la princesa, varias veces recorrió los mismos caminos. Hasta que un día, a la hora en que mas trémula era la luz, adivinó que en Danibacuza estaba su amado. Y caminó apresuradamente, sin otra meta que el cerro. Llegó bañada en sudor, una llama de alegría saliéndole de los ojos. Pero dos centinelas armados con espadas de relámpagos, le prohibieron la entrada. El dolor como una enorme piedra, cayo sobre su corazón y desbordó sus lágrimas. Y por sus ojos brotaron dos hilos de agua, llenos de nuditos. Y las cuentas de sus lagrimas, movidas por el viento, resbalaban por el cielo y se precipitaron sobre la ciudad. Cuando ya no tuvo una lágrima que llorar, se convirtió en una mujer de piedra.

Cuando la lluvia cesó, los hombres salieron a buscarla, y la encontraron; pero ninguno quiso tocarla. De vuelta, los hombres contaron que a unos pasos de la puerta de la cárcel, vigilada por centinelas armados de relámpagos, la doncella petrificada estaba de pie. Y hubo el pueblo aplausos unánimes por su aparición.

“Cierto. Es piedra, pero nos ha dado lluvia,” repetían.

Alguna vez las lluvias fueron escasas. Los hombres salieron de nuevo a buscarla, la encontraron acostada: la tierra estaba bebiéndole el llanto. La pusieron de pie y otra vez la lluvia fue numerosa y abundante, como cuando por primera vez dejo de ser dádiva del rey del cielo para ser la nieta del rey de la tierra. Y los hombres del pueblo vigilaron su posición hasta una época en que todavía puede remontar el recuerdo, hasta cuando la trajeron a la ciudad donde la conocí.
De ella tomo la lluvia su nombre: nisagié, de nisa, agua, y guié, piedra. Como quien dice: agua que llora la piedra.

PD:
Ya sé que está entrada es kilométrica (como casi todas las que acostumbro), pero estoy aprovechando, antes de que el blogger me salga con otra mala pasada. Les dejó una cancioncita, en zapoteco y español, que los niños aprenden en México, para los festivales del Día de la Madre o algún aniversario patrio (el 20 fue Día de la Revolución Mexicana).



Feliz fin de semana a todos.

2 comentarios:

SELMA dijo...

Cuanta información y cuan elaboradas son tus Entradas Incombustible, me dejan sin palabras... si en cambio me maravillan la traducción de esos numerosos pueblos que muchas veces contienen "palabra", y elementos de la Naturaleza...
Me ha cautivado esta leyenda como todas las que nos narras..

apapachos.... muchos Niña linda!

DRIADA dijo...

Niña que manera de dar información tendre que dosificarla, porque me interesa mucho pero necesito mi tiempo , bueno cada vez que entre te dare un beso
El primero MUACCCC