MUSICA

domingo, 31 de agosto de 2008

ESTANQUILLO: de chocolate, juglares, trovadores y libros

Museo del Estanquillo, en el edificio de "La Esmeralda" (en el Centro de la Ciudad de México)

La semana que termina ha sido, por mucho, una de las más ajetreadas que he tenido últimamente. Y es que con aquello de a veces existir, pero no estar, mis "paseos" se limitan al espacio que hay entre mi cama y la computadora. Paseos que, por otra parte, me han permitido conocer muchas personas y hacerme un archivo considerable de música, libros y fotografías.

El lunes, por ejemplo, por fin pude conseguir dos discos que había estado buscando desde hace tiempo: Inventario y La Mandrágora. No es que no se puedan conseguir por aquí pero yo no había tenido suerte hasta ahora: el de La Mandrágora no hay manera de adquirirlo y el de Inventario lo compré hace un par de años, importado, pero por alguna extraña razón todo el lote de discos venía con la portada de Sabina, pero el cd era de un grupo de rock de origen desconocido. Gracias a San Rapidshare y a un alma caritativa pude, por fin, convertirme en pirata (aunque no coja) guardándolos en mi computadora. Por cierto, Bego y Rafa, que me encontré un archivo llamado "Piratas en La Mandrágora", que ahora aumenta mis preciadas joyas sabineras.

El martes tuve que ir a recoger la pensión de una de mis pirañitas, lo cual implica unas cuatro ho
ras de espera (dos en los juzgados y otras dos en el único banco que cambia el cheque de depósito). Rumbo al Banco, me metí a curiosear en una librería pues, desde aquella aventura con los acuerdos pseudotoltecas, he tratado de encontrar, sin éxito hay que decir, un libro llamado "El mito de la Felicidad" (de Gustavo Bueno). Tampoco ahí lo encontré, pero me topé con dos maravillas: un libro de Rosa Montero y otro de Wilson. Y digo me topé, porque entrando en la librería, lo primero que vi (o más bien, lo primero que me observó), fueron los ojos de Doña Frida y, a un lado haciéndome un guiño, la carita feliz del libro de Wilson. En cuanto a las Historias de Mujeres, compré el libro sin vacilar, pues Montero es una de mis escritoras favoritas, supongo que para Cecilia, no será un título nuevo. Con el de Wilson ha sido un acto de fe... esa mala costumbre de envolver los libros con capas y capas de plástico no le permiten ver, al futuro lector, algo del contenido para poder decidir si vale la pena adquirirlo. Los libros son para ser tocados, creo yo y, además, pasa con ellos como con las personas: no se pueden juzgar solo por las portadas. No he terminado de leer ninguno de los dos , pues soy una lectora un tanto desordenada: cuando tengo un par de libros que me interesan, los voy leyendo simultáneamente. Solo puedo adelantarles que, en el caso de "Contra la Felicidad" me está resultando una lectura antídoto contra el librito del chamán. Si quieren leer una reseña del libro, publicada en El País, pinchen aquí.

El miércoles, además de los sopapos que les conté en la entrada anterior, recibí una sorpresa en el correo (no, no era una carta de Esmeralda, porque ella nos las regala en su espacio). Resulta que tengo una amiga, a quien sólo conozco mediante un foro en el que ambas escribimos y donde, a modo de juego, hablábamos de tener una batalla por conquistar a otro de los foreros. Como eso de las peleas en lodo, además de provocar náusea (al menos a mí), está ya pasado de moda...propusimos el uso del chocolate (total, soñar no cuesta nada porque vivimos muy lejos la una de la otra) como sucedáneo . El caso es que, hace un tiempo mi amiga me pidió mi dirección porque quería enviarme un regalo. Así que, el pasado miércoles, al abrir la caja que me envió, me encontré un juego de productos para baño ¡Con aroma de chocolate praliné!. Para mí es un lujo porque no acostumbro comprar ese tipo de artículos: yo llego al supermercado y compro el shampoo más barato y un jabón neutro. Por supuesto me estrené los productos ese mismo día y, bueno, tenía yo ganas de pegarme un mordisco yo misma. Yo no sé que tiene el chocolate, pero quizá un letrero en una de las cafeterías de la UNAM no exagera cuando dice: "uno puede prescindir de una fortuna o de un gran amor...pero no de una torta de chocolate". Desde luego, el regalo ha sido significativo, no por el chocolate en sí, sino por el hecho de saber que hay gente con tanta gentileza que, no conociendo personalmente a alguien, se toma la molestia de buscar algo que la conecte con otra persona. Así que, mi querida Sancho , muchísimas gracias...eres otra de las razones por las que le tengo un cariño grande a España.

Después de estrenado el regalo me fui al Museo del Estanquillo , el cual es muy especial, por varias razones: el edificio es bellísimo y fue, en otro tiempo, una joyería famosa, por eso es llamado "La Esmeralda". Este edificio alberga una colección de fotografías, miniaturas, grabados, esculturas que fueron donados por Carlos Monsiváis
quien, además de ser uno de los escritores mexicanos más notables, es considerado como el último escritor público de México porque , en la calle, la gente lo reconoce haya o no leído algo de él. Este señor, además, tiene la particularidad de escribir a mano todas sus obras y una familiar de él, se las pasa a máquina para ser entregadas a las revistas, periódicos y editoriales
que publican sus crónicas y ensayos.
Yo creo que nuestro amigoplantas, con ese ánimo celebrador que tiene, iba a disfrutar muchísimo observando las miniaturas de esta colección: lo mismo hay personajes famosos, que representaciones de festividades tradicionales, calles y establecimientos comerciales antiguos

Después de visitar el Es
tanquillo me dirigí, junto con el inspirador de la entrada anterior, a otro lugar de mucha tradición en mi ciudad: el Salón Corona donde, además de sus tradicionales tortas de bacalao y cervezas de barril, si tiene uno suerte, se puede topar con escritores o músicos, de los buenos (como el propio Monsiváis). El lugar no tiene ninguna pretensión decorativa, pero reúne una cantidad de parroquianos de variopintos orígenes y gustos. Para muestra, les dejo esta fotografía, que es parte de una secuencia que adorna una de las paredes del lugar. La fotografía en cuestión capta el momento en el que Hugo Sánchez falla un penalty decisivo, durante el mundial de fútbol de México 86 (ahora, como no soy aficionada, no sé porque dicho penal era tan importante). Yo creo que, de venir alguna vez José Luis (el Padrino de este blog) por aquí, el salón Corona sería de lo primero que me gustaría mostrarle (por aquello de compartir una cerveza y, si lo desea, me ilustre en cuanto al caso del penalty fallado).

El edificio que alberga al Salón Corona también es muy bonito (aunque un poco escondido) y tiene una anécdota curiosa: perteneció a un minero famoso, de nombre José Borda, quien hizo construir un largo balcón en la fachada de la casa, con el objetivo de que su mujer pudiera pasearse por ahí, alejada de las tentaciones que pudiera despertar en la calle. Es decir, el Edificio Borda bien pudiera considerarse el monumento a los celos o al machismo mexicano de la época.

Yo es que estoy siguiendo el consejo de Miriam , en el sentido de escuchar lo que dice el cuerpo, así que después de ese paseo en el centro de la ciudad, decidí permanecer en casa, jueves y viernes, haciéndole unos ajustes al blog. Desde hace mucho quería cambiar el color y las imágenes de fondo con el objetivo de que, quien me hace favor de leerme, tuviera mayor facilidad para hacerlo...de paso, ayudarme a mí que en esto de la vista, me parece, llegué tarde a la recepción de dioptrías (si Driada, es que no eras la única sufriendo con las letritas de mis entradas anteriores). Espero que les guste el nuevo aspecto de mi espacio pero, sobre todo, que lo encuentren más fácil de leer.

Y bueno, culminé mi semana con algo que, también, no hacía desde hace algún tiempo: exceptuando las salidas con el grupo donde canto, hacía rato ya que no me iba de parranda (o marcha, que creo es como le dicen en España), esta vez con mi juglar particular. Una parranda muy larga... me hubiera gustado traerme a mi otra Miriam, para irnos juntas a escuchar mariachis con, y sin alas.

Les he contado todo esto, primero porque creo que ya hay confianza y va siendo tiempo que me conozcan un poco más... que no todo en este blog tiene que tratar de los "grandes temas" . Lo segundo, es que esta salida entre chocolates y juglares, me han hecho recordarlos a todos ustedes...trovadores de la blogósfera (le decía a José Luis que me encantan los neologismos efervescentes). Se me han quedado algunos, como el trovador portugués, So eu, que siempre escribe de cara al mar; a
Soledad que sigue de vacaciones y hace que eche de menos sus abrazos cibernéticos; al trovador pedagogo titofarpas... en fin, a todos ustedes que pasan por aquí.

Tengan una buena semana y besos a todos

2 comentarios:

Cecilia Alameda Sol dijo...

Un recuento pormenorizado de actividades variadas. Y satisfactorias, de lo que me alegro.
Y un apunte al blog: está ahora más fácil para le lectura que antes pero, a pesar del color chocolate que pusiste al fondo del texto, yo me atrevería a sugerir que aclarases ese fondo pues aún cuesta descifrar las palabras. El negro no destaca demasiado del marrón.
Y que celebro conocerte un poco más

begoyrafa dijo...

Hay que compartir esa joya incombustible. Yo guardo como un tesoro los vinilos de la Mnadrágora y de Malas Compañías y una cinta de cassette que se trajo mi hermano de la mili. Era Juez y Parte y por entonces la que más me gustaba era la de la banda del Kung fu...botal altas, cazadoras de cuero con chapas de six pistols y los Who...
Un abrazo
Rafa