MUSICA

viernes, 19 de septiembre de 2008

Los Carcamanes y Las dos Comadres


POPURRI MEXICANO
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Cuentan que, hace más de siglo y medio, llegaron a Guanajuato dos hermanos procedentes de Europa: Nicolás y Arturo Karlkaman. Con el tiempo, y seguramente por la dificultad al pronunciar el apellido, fueron conocidos como "los Carcamanes", por los habitantes de la ciudad.

La Vida de los Carcamanes transcurría tranquila, no dando nunca motivo a la sospecha o a la murmuración, hasta que la mañana del 2 de junio de 1803, corrió la noticia de que los vecinos habían encontrado la puerta de la casa abierta y los cuerpos inertes de ambos hermanos. La primera hipótesis fue la de un doble asesinato, con el objetivo de robarles, pero al encontrar un tercer cuerpo, en la misma calle en que vivían, de una bella y frívola mujer, descubrieron que se trataba de un crimen pasional: resulta que la mujer sostenía relaciones con ambos hermanos quienes, al descubrirlo, se trabaron en una lucha en la que Nicolás pierde la vida y Arturo, mal herido, se arrastra hasta las habitaciones de la coqueta y la mata en su lecho para, posteriormente, regresar donde el hermano y suicidarse. Dicen que las autoridades, una vez corridos los trámites de rigor, inhumaron el cuerpo de Nicolás en lo que ahora es el templo de San francisco, mientras que el de Arturo reposa en el panteón San Sebastián.

Y cuenta la leyenda que, desde entonces, tres espectros recorren, al caer la noche, el camino hasta la casa de los Carcamanes, lamentando su muerte y llorando su castigo.


LAS DOS COMADRES


SOBRE LAS OLAS
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La famosa Presa de la Olla, además de abastecer de agua a la ciudad y ser un paseo familiar, es escenario de dos fiesta que se realizan, una el 24 de junio (Fiesta de San Juan) y otra el primer lunes de julio (apertura de la presa). La construcción de la presa inicia el 4 de agosto de 1742, por inciativa de Don Vicente Manuel Sardaeta y Legazpi, primer Marqués de San Juan de Rayas, en los terrenos pertenecientes al Rancho de la Olla. Construída para resolver el problema crónico de agua potable en la ciudad. La construcción concluyó en octubre de 1749.
Hoy en día, cuando se celebra la apertura de la presa (que anteriormente se hacía para limpiar el río que la alimentaba), la banda municipal o la orquesta de la Universidad, entonan "Sobre las Olas", un famoso vals del compositor guanajuatense Juventino Rosas.

La leyenda de las Comadres me fue contada, hace más de veinte años, precisamente en el paseo a la Presa.


De Guanajuato he venido
por un ingrato querer,
y a Guanajuato me vuelvo
con una nueva mujer.


A la izquierda de La Bufa, hay dos peñas más que, según dicen, tienen forma de batracios y son las que originaron el nombre de la Ciudad: Las Dos Comadres. Se trata de dos grandes rocas que, a la distancia, parece que se encuentran muy cerca la una de la otra, aunque en realidad están a varios metros de distancia. En ese lugar se originó una de las leyendas más simpáticas de la ciudad.


Cuentan que eran dos amigas, comadres para ser precisos, que acostumbraban subir al cerro a cortar verdolagas. Como entre ellas no existían secretos, un buen día conversaron, en detalle, acerca de sus amoríos. Intercambiando frases de elogio e intimidades sobre sus respectivos galanes, mientras recogían las verdolagas, se pasaron la tarde hasta que, a una de ellas, se le ocurrió mencionar el nombre de su Don Juan. La otra amiga se puso morada de furia porque resultaba que el galán era el mismo. La conversación se transformó en desagradable discusión, y de ahí en pelea violenta y, de acuerdo a los cánones religiosos, cuando las comadres pelean se las ven con el demonio, al momento en que ambas se dieron el primer bofetón quedaron convertidas en piedras.


Una versión de la leyenda dice que, las dos peñas se encuentran "dándose la espalda", como si las comadres siguieran enfadadas la una con la otra. La otra versión (que es la que a mí me contaron y que me gusta más) dice que se encuentran en actitud de seguir murmurando, al oído, las acostumbradas confidencias y aseguran que, si los viajeros se acercan a ese sitio, pueden escuchar el murmullo de sus voces multiplicado por el eco de las montañas vecinas, lo mismo en la Bufa que en la Montaña de la Sirena, especialmente cuando el viento sopla en esa dirección. Solo hace falta escalar el cerro para escuchar la conversación, a veces tranquila otras irascible, de las dos mujeres convertidas en piedra.

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LOS ENTREMESES Y DON QUIJOTE EN GUANAJUATO

7 comentarios:

Cecilia Alameda Sol dijo...

Las leyendas van creciendo con el tiempo, modificándose, retorciéndose... pero gusta enterarse y darse cuenta de que en todos los rincones hay leyendas parecidas, siempre con el amor y la pasión como fondo.

Marcelo dijo...

Me gustó mucho la historia de los carcamanes!
Un beso

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Qué leyendas más hermosas, especialmente la primera. Por aquí hemos perdido ya todo sentido de las leyendas propias y pensamos en usamericano para todo.
Espero con ganas, como comprenderás, tu anunciada próxima entrada cervantina.

Anónimo dijo...

que bueno que esta tradicion nunca se olvida.Es cierto que se escuchan los mormullos de las comadres,se los digo poe experiencia,se escucha ruidos atroses.Alguien ya fue a la casa de las leyendas.

Incombustible dijo...

Gracias por la visita y el comentario, amigo anónimo.
No hablé de la Casa de las leyendas porque consideré quye es ya muy famosa...pero, en efecto, vale la pena visitarla porque es el compendio de la infinidad de leyendas que se cuentan en cada rincón de Guanajuato.

Regresa a visitarme, por favor.

Anónimo dijo...

Y la historia que le cuentan a los turistas de que un encanto las convirtió en vivora y otra en cocodrilo??? no he encontrado nada al respecto y en una visita eso es lo que me contaron.

Anónimo dijo...

Faldas de la Presa de San Renovato Bajo las faldas de la compuerta de la presa de San Renovato se hizo dos esculturas formadas de piedra que representan a las dos comadres; una es una serpiente y la otra es un cocodrilo. Esta leyenda cuenta que en otra ocasión había dos comadres. Vivían juntas pero, al parecer, no se caían muy bien. Ambas madrugaban para tomar agua de la presa y llevaban sus ollas. Un día a una de ellas se le rompió su olla y le pidió a su comadre prestada la suya, pero se negó. Por lo que se pelearon, cayeron a la presa y se ahogaron. Una se convirtió en lagarto y la otra en serpiente.